domingo, 19 de diciembre de 2010

CUANDO EL ALMA LLORA

                                                                CAPITULO     I      


Yo era una mujer pasada los 30, sin embargo tenía una fuerza interior increíble, unas ganas de vivir como nunca, soñadora y risueña, sentía las ganas de amar intensamente y sentirme amada hasta la saciedad, me hacia feliz la sonrisa de un niño, el cantar de las aves, le encontraba sentido al color del arco iris, al sonido del río, pedía a gritos un amor que me llevara a conocer de cerca las estrellas, que llenara ese vacío inmenso que tenia en el alma y a cambio le pagaría con un amor incondicional, necesita un amor para entrelazarlo con el mio  hasta el final de mi camino.
Él era más misterioso , reservado, cauto, cómplice de si mismo y de la vida, siempre observador y con un toque de soberbia escondida,  pero a pesar de ello lo que sus labios casi no pronunciaban me lo decían sus ojos, y ellos me hablaban de amor, eso para mi era suficiente, ese sentimiento que me gritaba en silencio era lo único que me bastaba para entregarme en cuerpo y alma para el resto de mis días. Sus años no me eran impedimento para amarlo por el contrario esa mezcla de juventud y experiencia me parecía magnifica, era la combinación perfecta para un idilio de amor sin fin, ni fronteras.
Nos casamos y vivimos aquel idilio como dos adolescentes que por vez primera se entregaban a los brazos  de Eros*, por un tiempo todo fue luna de miel, los te quiero, te amo y te deseo iban y venían a cada momento por ambas partes.
Todo a nuestro alrededor era hermoso, el tiempo fue pasando, las horas y los días se fueron transformando en historias sin fin, monotonía constante y sin darme cuenta él comenzó a caminar por otro sendero que no era el mio, sin embargo yo fiel a mis sentimientos le buscaba excusa a su manera tan distante de ser conmigo.
Sin embargo a pesar que algo entre nosotros menguaba sus ojos me seguían hablando amor, aun podía  ver que ellos me decían que él aun me amaban y por tanto mis oídos se volvían sordos a aquellas palabras que me decía para alejarme de él , como si inconscientemente no quisiera que perteneciera a su mundo.

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